Mantequerías Sanz abrió sus puertas en 1952 de la mano de nuestro abuelo José Sanz, recién llegado del Pirineo. Con esfuerzo, ilusión y el apoyo de toda la familia, aquel pequeño comercio fue creciendo y ganándose la confianza de los primeros vecinos de un barrio muy distinto al actual: calles sin asfaltar, apenas unos pocos edificios y la ilusión compartida de quienes llegaban a forjar allí su hogar y su futuro.
Con el paso del tiempo, nuestro negocio se convirtió en un punto de encuentro para los amantes de los buenos productos, y así, generación tras generación, hemos mantenido vivo el espíritu con el que nació. Más de 70 años después, Mantequerías Sanz sigue siendo un comercio tradicional y de proximidad, adaptado a los nuevos tiempos pero fiel a su esencia: ofrecer siempre lo mejor.